FEBRERO SIEMPRE AZUL · Feb 28, 10:24 AM por Sami
24 de febrero 2006 Sami González
FEBRERO SIEMPRE AZUL
Febrero, siempre has sido azul para mí, siempre me has gustado, aunque este año el azul fue diferente: los problemas en mi boca, las medicinas para el dolor y la inflamación, trajeron muchas consecuencias. Mi piel se puso áspera, incómoda. Mis manos enrojecidas, mis células desprendiéndose dolorosamente, pedazos de mi propio yo. Asustada me dije: ¿dónde está mi huella?, ¿y mi huella digital? Ya no tendré identidad. Mejor guardar esos pedacitos de mi misma, transparentes, sufridos, para reconstruirme. Entonces pregunté: piel, ¿qué quieres decirme?, ¿eres barrera?, ¿qué me estás pidiendo?, te regeneras, ¿porqué? ¿quieres renovarte?
Miré al jardín, nuestro bello jardín, y ahí estaba, espléndida, la naturaleza, ofreciéndome la medicina natural, herencia de nuestros indígenas: la verde planta de azul de mata con campanitas rojas, remedio milagroso que me curó cuando era niña. Comencé a bañarme en azul cada mañana, comencé a mejorar, a sentirme más bella, más sana, tatuada de azul, con hojitas adheridas a mi cuerpo, casi locura, fascinante la transformación.
En medio de todas las molestias, las dudas, también tuve una pesadilla: soñé que era una mujer azul, con un ojo enorme, inflamado, de horrible aspecto, con un punto blanco en el centro, infectado, un ojo azul. La infección, el dolor, la preocupación. Y comencé a hallar respuestas: mi huella está en cada planta que he sembrado, en dos hijas maravillosas que andan por el mundo recordándome y mandándome caricias, mi huella queda en cada gesto bondadoso que regale por las calles, cada vez que la alegría inunde los espacios que habito, cada vez que mi afecto llegue a los que me rodean. No debo guardar viejas células, son parte de mi pasado, ya no podré reconstruir nada sano con ellas. Mis manos son suaves otra vez, estoy en armonía, todo coincidió con otra gran experiencia. ¿Recuerdan que les conté de la flor marchita y su madre amorosa, las que conocí cuando Juan estuvo en el hospital? Pues seguí informándome por teléfono sobre la situación de la niñita. La semana pasada me dijeron que estaba mejorando, ¡qué bueno!, durante los últimos días que pasamos muy ocupados, estuve pensando mucho en ellas, el miércoles por la tarde pude llamar: me contesto la mamá, doña Isabel. , rápidamente pensé: qué bueno, ya están en la casa, ya las puedo ir a visitar.
Así hablamos:
Hola, doña Isabel, soy Sami, ¿se acuerda de mí?
Sí claro.
¿Cómo le va, cómo está su hija?
Ella me dijo: se me murió esta madrugada.
Qué momento tan triste, se me hizo un puño el corazón, y estúpidamente le pregunté: ¿cómo está usted?,
con su voz dulce, pausada, me dijo:
ahora estoy tranquila, no sé más adelante.
Qué mujer tan sabia. Claro que tenía que estar tranquila, si pasó 17 años y medio dedicada a cuidar a su Andreita, su princesa de hermosas cejas y cuerpo frágil.
Yo estaba acongojada, mi alma se estrujó, solo atiné, empañada por las lágrimas, ir a caminar; casi corriendo salí a tratar de encontrar a la pequeña enferma entre las nubes, en los colores naranjas del atardecer. No la vi más, sólo supe que se fue a ese lugar de paz donde se han ido también todos los seres buenos que nos han dejado ya.
Yo había pedido a una amiga enfermera, Claudia, la buena de Claudia, que por favor le fuera a dar vueltita. Ella la cuidó varias veces para que la mamá descansara y estuvo a su lado cuando Andrea no pudo luchar más. Otra vez digo: ¡Benditas amigas!
Al día siguiente, temprano, fuimos a despedirla, hubo una emotiva ceremonia entre coloridas flores del trópico, música de violín, canto del Ave María, cariño. Cuando fui a abrazar a doña Isabel, me dijo: “qué dicha que vino”, también pensé lo mismo, qué dicha estar ahí para acompañarla, ella me dijo que no quería ver cuando Andreita era devuelta a la tierra para fundirse de nuevo con la Naturaleza; pude darle mi compañía y distraerla un poquito. Luego al despedirnos, me dijo: “me llama”. Por supuesto que la seguiré llamando, nos une un vínculo, curioso, vínculo de mujeres, de madres, de personas sensibles que tratamos de amar sin condición. Caminamos bajo el sol, cubiertos por los exóticos matices del verano, los árboles con flores lilas, las llamas del bosque; entre abrazos, dejamos a Andrea en medio de campos verdes, rodeada de montañas. El papá, tosco y viril, como buen macho, sin expresar sentimientos, me conmovió: nunca se apartó de su niña, estuvo junto a ella hasta el último segundo.
Al llegar a casa, en el jardín, nuestro pequeño paraíso, increíble: mi mata de guaria morada, mi amada flor nacional, había florecido: seis guarias se abrieron como un homenaje a la vida, un manojo de amor; además, olores de albahaca, de azahares, los cantos del bobo, alas de colibrí, viuditas, yigüirros, palomas, las queridas tortugas, y el cielo azul de febrero, ¡febrero siempre azul!
27 de febrero de 2006
Aún con la emoción latente por la alegría de los festivales de arte en San José, ayer hablé con doña Isabel, me contó que hay un gran vacío en su hogar, que ella sigue tranquila porque siempre deseó que Andrea se fuera primero, si no, ¿quién la hubiera cuidado? Le pidió que partiera contenta, que ella estaría bien, que luego se encontrarían. Ahora sabe que su niña la espera. Dice que a su esposo se le ha dado mucho, que ella busca consuelo en la misa, pero a él no le gusta ir a la iglesia. Las mujeres nos arreglamos para encontrar esperanza aunque estemos hechas trizas. Después de muchos años tratando de conseguir un bono de la vivienda, éste acaba de ser aprobado. Dentro de poco tiempo tendrán una nueva casa, Andrea solo estará en el recuerdo.



ay sami, vos siempre escribes tan bueno y profundamente, me encanta!
— fritz Mar 7, 08:44 AM #
Espero que cuando publique su libro de ensayos y otros versos, me regale un ejemplar autografiado y con dedicatoria!!
Todavía estoy llorando por la historia de Andrea…
Saludos,
Cordialmente,
Isidro González Agüero
— Isi May 21, 01:10 PM #